Tuesday, August 21, 2012

La escena del adios


Tan pronto como dejamos el bar comenzó a llover, como si el cielo supiera lo que se venía en esa tarde de otoño. Había visto esta escena tantas veces en las películas de la hora de once cuando era niña. Ahora me tocaba a mí. La escena en la que todo se va a la mierda, porque aunque tenemos el corazón invertido no podemos concebir la idea de las ataduras, y entonces decidimos echar todo por la borda. A estas alturas qué importa, el mundo no vale nada y ya nos hemos acostumbrado a que así sea.
Caminamos en silencio, como procesión de funeral, sabiendo que una vez que tuviéramos que hablar sería para decir adiós. Cinco largas cuadras entre nosotros y el final de lo que en algún momento pareció ser una buena idea, el acuerdo perfecto.
Comenzamos como amigos, compartíamos las mismas locas ideas sobre la vida y el amor y el universo. Hartos de los convencionalismos decidimos romper con ellos y lanzarnos a la aventura de la vida sin importarnos el qué dirán. Ambos sabíamos que nuestros días estaban contados, pero qué son los días cuando el tiempo es relativo y el espacio se expande y se contrae como un elástico.
Nos saltamos todas las reglas, jugamos con los por ahora y los para siempre, fuimos felices en un mundo lleno de miserias, nos reímos de los otros y sus seños fruncidos, escalamos sobre las construcciones carcomidas de lo deberíamos haber sido según nuestros padres. Ahora que estamos en la cima, el miedo a saltar nos paraliza y decidimos bajarnos del pedestal.
Lagrimas, besos, abrazos. El pegamento del adiós, para que no se rompa en el camino a casa. Porque sabemos que somos cobardes y preferimos el hielo de la distancia que el fuego infinito de un mañana juntos.
“No nos perdamos” fueron tus ultimas palabras. Cómo perderse si nunca nos hemos encontrado.

Tuesday, December 13, 2011

La rubia en el fondo


Hace un par de días tuve una pelea vía mensaje de texto con el que hasta entonces era mi “andante”. Todo empezó después que me sacaron las muelas del juicio y me encontraba disfrutando los efectos del Vicodin y una botella de vino. Así es como bajo la influencia de las drogas y el alcohol, tuve la brillante idea de mandarle un mensaje que decía:
-Hola, ¿cómo estás? ¿Qué haces esta noche?
Obviamente estaba en iguales condiciones de verlo que de conducir en frente de una patrulla de policía (Sólo imaginen mi cara como una pelota, rasgos mongoloides y la inhabilidad de hablar)
-          Estoy en una fiesta con amigos.  ¿Tu qué haces?
-          Tomando vino.  ¿Quieres que nos juntemos más tarde?
Y esperé un buen rato, pero no hubo respuesta. Entonces me enojé y comencé el bombardeo mensajero, el que terminó con ¡Nunca tienes tiempo para mí! Ese mensaje fue seguido por un largo silencio, que dura hasta ahora.
Entonces me di cuenta que existen dos lados de mí. Uno que es perfectamente racional, inteligente y maduro, el que concuerda  con la semi-exitosa morena de 30 años que hoy escribe estas líneas. Y hay otro lado, no tan racional e inteligente.
La cosa es que estos dos lados de mi personalidad han comenzado a tener feroces discusiones dentro de mi cabeza, cómo dos hermanitas que se pelean por un cono de helado.  Las peleas van más o menos así.
-          Le voy a escribir
-          No le escribas. Te va a llamar
-          Tienes razón…pero es para decir hola no más.
-          No. Espera a que te llame
-          Ok (mientras escribe en el teléfono)
-          ¡Para qué le escribiste!
-          ¡Ay, tranquila, no es para tanto! (Dos minutos más tarde) ¿Por qué no me contesta? Tal vez se echó a perder mi teléfono
-          Tal vez está ocupado
-          Siii…está ocupado. Le voy a decir que salgamos hoy día
-          Dale tiempo para que te conteste primero
-          Está bien, voy a cancelar lo que tengo esta noche y me voy a ir a arreglar. (Dos minutos después) ¿Por qué no me contesta?
-          Tal vez no quiere salir contigo
-          ¡Nada que ver! Si obvio que le gusto, no viste como me miraba con esos ojitos.
-          ¡Ya para! Haz lo que ibas a hacer esta noche, júntate con una amiga y espera a que te llame.
-          Pero y si hago planes y el llama y yo estoy ocupada.
-          Lo más probable es que no te llame y punto.
-          ¿Crees que es porque me acosté con él muy pronto?
-          Seguramente. Te dije que te esperaras.
-          ¡Pero es que está tan rico! No me aguanté
-          Lo que pasa es no puedes cerrar las piernas
-          ¡Mentira! Lo que pasa es que es tan guapo.
-          No, no es Tan Guapo. Tu eres una R-A-M-E-R-A
-          ¡Ay, cállate! ¿Por qué todavía no me llama?
Y así sigue y sigue. Últimamente tengo varias discusiones como estas cada día, especialmente cuando estoy frente al computador en la oficina y no me puedo concentrar. He empezado a pensar, que bien en el fondo, soy completamente rubia.