Hace un par de días tuve una pelea vía mensaje de texto con el que hasta entonces era mi “andante”. Todo empezó después que me sacaron las muelas del juicio y me encontraba disfrutando los efectos del Vicodin y una botella de vino. Así es como bajo la influencia de las drogas y el alcohol, tuve la brillante idea de mandarle un mensaje que decía:
-Hola, ¿cómo estás? ¿Qué haces esta noche?
Obviamente estaba en iguales condiciones de verlo que de conducir en frente de una patrulla de policía (Sólo imaginen mi cara como una pelota, rasgos mongoloides y la inhabilidad de hablar)
- Estoy en una fiesta con amigos. ¿Tu qué haces?
- Tomando vino. ¿Quieres que nos juntemos más tarde?
Y esperé un buen rato, pero no hubo respuesta. Entonces me enojé y comencé el bombardeo mensajero, el que terminó con ¡Nunca tienes tiempo para mí! Ese mensaje fue seguido por un largo silencio, que dura hasta ahora.
Entonces me di cuenta que existen dos lados de mí. Uno que es perfectamente racional, inteligente y maduro, el que concuerda con la semi-exitosa morena de 30 años que hoy escribe estas líneas. Y hay otro lado, no tan racional e inteligente.
La cosa es que estos dos lados de mi personalidad han comenzado a tener feroces discusiones dentro de mi cabeza, cómo dos hermanitas que se pelean por un cono de helado. Las peleas van más o menos así.
- Le voy a escribir
- No le escribas. Te va a llamar
- Tienes razón…pero es para decir hola no más.
- No. Espera a que te llame
- Ok (mientras escribe en el teléfono)
- ¡Para qué le escribiste!
- ¡Ay, tranquila, no es para tanto! (Dos minutos más tarde) ¿Por qué no me contesta? Tal vez se echó a perder mi teléfono
- Tal vez está ocupado
- Siii…está ocupado. Le voy a decir que salgamos hoy día
- Dale tiempo para que te conteste primero
- Está bien, voy a cancelar lo que tengo esta noche y me voy a ir a arreglar. (Dos minutos después) ¿Por qué no me contesta?
- Tal vez no quiere salir contigo
- ¡Nada que ver! Si obvio que le gusto, no viste como me miraba con esos ojitos.
- ¡Ya para! Haz lo que ibas a hacer esta noche, júntate con una amiga y espera a que te llame.
- Pero y si hago planes y el llama y yo estoy ocupada.
- Lo más probable es que no te llame y punto.
- ¿Crees que es porque me acosté con él muy pronto?
- Seguramente. Te dije que te esperaras.
- ¡Pero es que está tan rico! No me aguanté
- Lo que pasa es no puedes cerrar las piernas
- ¡Mentira! Lo que pasa es que es tan guapo.
- No, no es Tan Guapo. Tu eres una R-A-M-E-R-A
- ¡Ay, cállate! ¿Por qué todavía no me llama?
Y así sigue y sigue. Últimamente tengo varias discusiones como estas cada día, especialmente cuando estoy frente al computador en la oficina y no me puedo concentrar. He empezado a pensar, que bien en el fondo, soy completamente rubia.